
Los hombres desesperados viven suspendidos en el espacio como figuras pintadas sobre las paredes, sin respirar, sin hablar, sin escuchar a nadie. El acantilado quw domina el golfo de Salerno era una pared que daba al mar. Nunca he encontrado la alegría con ninguna otra mujer. No es la alegría lo que echo de menos. Es a ella. Por eso he dibujado durante toda mi vida un mismo cuerpo en los brazos con los que siempre he soñado. Los naipes que me dieron su protección mientras trabajé en Toulouse llamaban cartas novelescas a los juegos de cartas cuyos triunfos representaban héroes de novela, Cartas antiguas a las que representaban a los profetas de la Biblia o a los generales de la Historia romana. Cartas eróticas a las que mostraban las escenas que nos engendran. Ahora vivo en Roma, donde grabo escenas religiosas y estas cartas escandalosas. Las venden en la tienda de estampas que tiene el letrero de la cruz negra, en la via Giulia.
Pág. 8
Párrafo extraido del libro Terraza en Roma, de Pascal Quignard
Pág. 8

No hay comentarios:
Publicar un comentario